Niña del Ñangapirí

Hoy anduve por el monte 
de mis años inocentes, 
pellizcando la dulzura 
roja del Ñangapirí. 
 
Y un noviembre de hace mucho 
se estrujó contra mis dientes, 
y sangró un bello recuerdo 
de mi tiempo cunumí. 
 
Yo era chico, todavía, 
gurisito cabezudo, 
que aprendió a robarle al monte 
su dulzor primaveral. 
 
Y una siesta, entre zorzales, 
fui pombero corajudo, 
cuando te cambié un puñado 
por un beso, ¿Te acordás? 
 
Yo me fui como los ríos, 
sur debajo de la vida, 
vos quedaste en mi Corrientes 
y ya nunca más te vi. 
Hoy que vuelvo niño hombre, 
con el alma dolorida, 
te recuerdo, emocionado, 
niña del Ñangapirí. 
 
Y ojalá que un viento norte, 
de esos vientos musiqueros, 
que en la noche de mi pueblo 
desparrama serenata y sapukay, 
lleve lejos, no sé a dónde, 
y deje en tu ventana 
esta flor de mi ternura 
que nació por recordar. 
 
Yo era chico, todavía, 
gurisito cabezudo, 
que aprendió a robarle al monte 
su dulzor primaveral. 
 
Y una siesta, entre zorzales, 
fui pombero corajudo, 
cuando te cambié un puñado 
por un beso, ¿Te acordás? 
 
Yo me fui como los ríos, 
sur debajo de la vida, 
vos quedaste en mi Corrientes 
y ya nunca más te vi. 
Hoy que vuelvo niño hombre, 
con el alma dolorida, 
te recuerdo, emocionado, 
niña del Ñangapirí.

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