La deje partir

Tarde ya muere el sol 

en el horizonte sangrante y azul 

y mi zamba se pierde en la sombra: 

mi zamba que fuera paisaje de luz. 



Tarde ya, corazón, 

angustiosas horas llegaron al fin 

y he sentido como si la noche 

de todos los tiempo caerá ante mí. 



La sentí llorar no la consolé 

la dejé marchar tan lejos de mi 

y mi zamba cantaba en la tarde: 

mírala en silencio; déjala partir. 



Cuando cae la oración, 

abrazan las ramas los nidos sin luz 

y se aquietan las alas y trinos: 

ecos que despiertan la alborada azul. 



Pero en mi corazón sólo habrá 

un silencio dolido de amor, 

sin albores radiantes que lleven 

luces de esperanza a mi corazón. 



La sentí llorar; no la consolé 

la dejé marchar tan lejos de mi 

y mi zamba cantaba en la tarde: 

mírala en silencio; déjala partir. 

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