Decimas a Jacinto Luna

No pregunten de a’nde soy, 

vengo del tiempo aparcero, 

y ni los mismos senderos 

se imaginan p’ande voy; 

voy tiempo arriba y estoy 

conforme con mi destino, 

de andar solo y peregrino, 

durmiendo sobre mis garras, 

y despertando guitarras 

a la orilla del camino. 



Sin facón en la carona 

ni lazo ata’o a los tientos, 

traigo un temblor que los vientos 

dejaron en mis bordonas, 

y una pena en las lloronas 

que no levantan el vuelo, 

porque el rigor del pihuelo 

la lleva atada a mi huella, 

de no, ya serían estrellas 

alumbrando desde el cielo. 



Ya no tengo ni querencia 

y las leguas no me espantan, 

porque no hay pa’ los que cantan 

más pago que el de la ausencia; 

nada me ata a la esistencia, 

voy muriendo al tranco lerdo 

y, en ocasiones, me pierdo 

tras los horizontes rojos, 

con un niebla en los ojos 

y acosa’o por los ricuerdos. 



Me han echa’o en el fogón 

ramitas de mataojo, 

espinas en el rastrojo, 

dolor en el corazón; 

y voy con esta canción 

en los labios de una herida, 

pa’ que al final de mi vida 

quede mi canto despierto, 

pues todo cocuyo muerto 

deja una luz encendida.

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