A una rosa

   I
 
En el jardín de mi vida
nació una rosa,
blanca como el armiño,
fragante, pura y hermosa.
 
Sus pétalos de seda
yo besaría,
si al alcance tuviera
la rosa del alma mía.
 
No he de morir de antojo,
viditay, quién lo diría,
antes que se marchite
la rosa debe ser mía.
Antes que se marchite
la rosa del alma mía.
 
    II
 
Son dos ojazos negros
que me deslumbran
y en mis largas andanzas
de bohemio ellos me alumbran.
 
Por su mirar profundo
yo bien quisiera,
decirle que en el mundo
no ha de haber quién más la quiera.
 
No he de morir de antojo,
viditay, quién lo diría,
antes que se marchite
la rosa debe ser mía.
Antes que se marchite
la rosa del alma mía.

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